Getting Spiritually Ripped

This weekend I received the nicest compliment from one of the kids in the confirmation group I lead. We had just watched a video on the virtues and why it’s important to build your spiritual muscles. Afterward I asked them to give me examples of how we can work out spiritually. One of them said “pray daily!” and another one blurted out “go to Mass daily!” Some of them looked confused after the latter and one asked “What? Who goes to Mass everyday?!” Someone pointed to me while another one in shock told me “Damn. Your soul must be ripped!”

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Truth is, I’m still growing and sometimes I feel quite spiritually weak. Just before that confirmation meeting I was thinking “Man, I could really use some spiritual strength right now.” I proceeded to ask the coordinator what the name of my group was, and lo and behold (or as the homies in Fr. Greg Boyle’s Barking to the Choir would say “and holy befold”) it was “Fortitude”… just what I had asked for. Yes, fortitude is one of the gifts of the Holy Spirit, but we can’t just leave the gift nicely wrapped, we need to open it, use it, and put it to practice so that we can grow in virtue. Here are some of the ways I’ve been spiritually working out lately and that you could perhaps adopt as well:

Taking notes during Mass

What? Isn’t writing notes at school and at work meetings enough? Now at Mass too? I don’t know about you, dear reader, but I get so distracted in Mass. When I’m not thinking about what I’m going to do afterward, I’m thinking about food or as we would say in Spanish “Estoy en todo menos en misa” I’m in everything except Mass. I may be physically there, but mentally I’m flying around the world. Back in October though, my friend Sue gave me a Mass journal, and boy has that been a game changer!

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I usually jot down bullet points about the most important things in each of the readings and I occasionally doodle when I’m inspired. Here are some examples:

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I write in Spanish, but you get the gist 🙂

Doing this has really kept me focused during Mass, but more importantly, it allows me to see the messages God is trying to send me with an increased clarity. The ties between the Old Testament and the New Testament are also much more apparent since I’ve started keeping a Mass journal, making the Word a lot more meaningful.

Writing letters to God

Sometimes it’s easier for me to write than to speak, so I started writing letters to God, prayer journaling, a few years ago. Ever since I read Praying with a Pen by Mary Beth Weisenburger, which my dear friend Marlene gifted me, I’ve been noticing more graces in the act of doing so. The book gives many ideas of how prayer journal, from reflecting on a Bible verse while writing, to taking inspiration from the saints. The method that has been working the best for me is to:

  1. Vent to God about whatever struggles I’m going through and ask for help
  2. Write about people/experiences/things that I’m grateful for
  3. Note where I’ve noticed God working in my life

Since prayer is not just about talking, but also about listening, I often jot down holy whispers when I ask the Holy Spirit to guide me in a particular aspect. A grace that I’ve consistently noticed after writing letters to God is a sense of peace. Somehow the burden that I had just written about seems less heavy. What I like the most is looking back at what I had written years or months ago, and seeing how God really did hear and answer my prayers.

Working out spiritually while working out physically

When I go on a run or when I do Tai Chi, it’s so much easier for me to feel relaxed and grateful. Being in nature reminds me how great of an artist God is–how He crafted each little, cell, each piece of grass, each cloud so that we would have an abundant life filled with beauty. Exercising also allows me to concretely feel God working through me, seeing how  the body He has created can cross boundaries I had previously seen as impenetrable.

Some other forms of prayer that are very enriching are the rosary, Eucharistic adoration, spiritual reading, the examen, and the spiritual exercises… I didn’t write a ton about them because I thought those were a bit more obvious 😀 .

Dearest reader, while our souls may at times feel wimpy and desolate, I pray and hope that on the day we meet Our Father He’ll be able to say that our souls are ripped.


Poniéndose espiritualmente bien mamá Dolores

Este fin de semana recibí el halago más bonito de uno de los niños del grupo de confirmación que dirijo. Acabábamos de ver un video sobre las virtudes y por qué es importante hacer crecer los músculos espirituales. Después les pedí que me dieran ejemplos de cómo podemos ejercitarnos espiritualmente. Uno de ellos dijo “¡rezar diario!” y otro exclamó “¡ir a misa diario!” Algunos de ellos se veían confundidos después de lo que dijo el último y uno preguntó “¿Qué? ¡¿Quién va a la misa todos los días?!” Alguien me señaló mientras que otro en estado de shock me dijo “No manches. ¡Tu alma ha de estar bien mamá Dolores!”

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(Nota para los lectores no mexicanos: mamá Dolores es otra forma de decir “musculoso/a” o “mamado”. Probablemente la manera más naca pero la mejor traducción que encontré para “ripped” dado el contexto.)

La verdad es que todavía estoy creciendo y, a veces, me siento bastante débil espiritualmente. Justo antes de esa reunión de confirmación estaba pensando “Vaya que no me podría caer nada mal algo de fuerza espiritual ahorita”. Procedí a preguntarle a la coordinadora cuál era el nombre de mi grupo, y dicho y hecho, era “Fortaleza” … justo lo que había pedido. Sí, la fortaleza es uno de los dones del Espíritu Santo, pero no podemos simplemente dejar el regalo envuelto, tenemos que abrirlo, usarlo y ponerlo en práctica para que podamos crecer en virtud. Estas son algunas de las formas en las que últimamente me he estado ejercitando espiritualmente y que quizás tú también podrías adoptar:

Tomar notas durante misa

¿Qué? ¿No es suficiente escribir notas en la escuela y en las reuniones de trabajo? ¿Ahora en la misa también? No sé tú, querido lector, pero yo me distraigo mucho en misa. Cuando no estoy pensando en lo que voy a hacer después, estoy pensando en comida y al final estoy en todo menos en misa. Puede que esté físicamente allí, pero mentalmente estoy volando alrededor del mundo. Sin embargo, en octubre, mi amiga Sue me regaló un cuaderno de misa y eso fue un cambio radical!

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Está vestida con fuerza y dignidad – Proverbios 31:25

Normalmente anoto viñetas sobre las cosas más importantes en cada una de las lecturas y de vez en cuando garabateo cuando estoy inspirada. Aquí están unos ejemplos:

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Hacer esto realmente me ha mantenido enfocada durante misa, pero más importante, me permite ver los mensajes que Dios está tratando de enviarme con una mayor claridad. Los lazos entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento también son mucho más evidentes desde que comencé a escribir en mi cuaderno de misa, haciendo que la Palabra sea mucho más significativa.

Escribirle cartas a Dios

A veces me es más fácil escribir que hablar, así que le empecé a escribir cartas a Dios, mantener un diario de oración, hace algunos años. Desde que leí Praying with a Pen de Mary Beth Weisenburger, que mi querida amiga Marlene me regaló, he estado notando más gracias en el acto de hacerlo. El libro da muchas ideas de cómo rezar escribiendo, desde reflexionar sobre un versículo de la Biblia hasta sacar inspiración de los santos. El método que me ha estado funcionando más es:

  1. Desahogarme con Dios sobre cualquier problema que esté pasando y pedirle ayuda
  2. Escribir sobre personas/experiencias/cosas por las que estoy agradecida
  3. Tomar nota sobre dónde me he dado cuenta que Dios está trabajando en mi vida

Dado que la oración no se trata solo de hablar, sino también de escuchar, a menudo anoto susurros santos cuando le pido al Espíritu Santo que me guíe en un aspecto particular. Una gracia que siempre he notado después de escribirle cartas a Dios es una sensación de paz. De alguna manera, la carga sobre la que acababa de escribir parece menos pesada. Lo que más me gusta es ver lo que escribí hace años o meses atrás y ver cómo Dios realmente escuchó y respondió a mis oraciones.

Ejercitarse espiritualmente al ejercitarse físicamente

Cuando salgo a correr o cuando hago Tai Chi, se me hace mucho más fácil sentirme relajada y agradecida. Estar en la naturaleza me recuerda que tan grande como artista es Dios: cómo elaboró cada pequeña célula, cada pedazo de pasto, cada nube para que tuviéramos una vida abundante llena de belleza. El ejercicio también me permite sentir concretamente a Dios trabajando a través de mí, viendo cómo el cuerpo que Él ha creado puede cruzar fronteras que antes había visto como impenetrables.

Otras formas de oración que son muy enriquecedoras son el rosario, la adoración eucarística, la lectura espiritual, el examen y los ejercicios espirituales … No escribí mucho sobre ellos porque pensé que eran un poco más obvios 😀 .

Querido lector, mientras que nuestras almas a veces pueden sentirse debiluchas y desoladas, rezo y espero que el día en que conozcamos a Nuestro Padre, Él pueda decir que nuestras almas están bien mamá Dolores.

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A Eucharistic Miracle?

A friend of mine pointed out the way I looked at the Eucharist before I distributed it to the rest of the parishioners. She mentioned something along the lines of how I kept smiling and holding it with care. So I proceeded to tell her why: it shines. I don’t know if I’m the only one that sees this, if it’s something so obvious to everybody else so they don’t talk about it, or if I’m crazy and just imagining it. It’s been a few years since I started noticing this sparkling. It’s not like anything I’ve ever seen before. It’s not like egg-washed shiny bread, it looks as if someone had put thousands of tiny sparkles in the dough. But yesterday I noticed something else in the Eucharist—a lamb. The outlining of a peaceful lamb on the bread. It was obvious to me, yet very soft and subtle, blending in with the rest of the host. That moment was so miraculous yet so normal, like something extraordinary that somehow, you’ve always known.  God is truly in the Eucharist… and He allowed me to see Him! Is it heretical to share this intimate experience, or perhaps disobedient like the people that experienced miracles in the gospels and that told everyone about them even though Jesus told them not to? I really don’t know, but I feel like people when they fall in love and they feel like they have to tell everybody.

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This experience reminded me of a song that keeps playing through my mind when I look at the Eucharist. It’s called Brillas (You shine) by León Larregui:

I doubt the song was written with a religious experience in mind, but to me it describes perfectly what I experience with the Eucharist.

Brillas y brillas tan lindo

Y brillamos juntos entre pestañas

Divina, divina sonrisa

Abrazo de luna,

Y así, juntitos los dos

 

You shine and you shine so beautifully

And we shine together between eyelashes

Divine, divine smile

Hug of the moon

And like this, together, both of us

The shining referring to how the Eucharist shines but also to how Christ shines through us. Or as someone put it in one of the events that I went to recently: “It’s no coincidence that some people call saints windows. That’s why you often see saints in stained glass windows. The light of Christ shines through them literally and metaphorically.”

The shining together between eyelashes might sound weird at first, but I see a connection between this and reconciliation. The word reconciliation comes from latin: re- again con- with cilia- eyelashes, meaning seeing each other eye to eye again, trusting each other again, a love based on honesty.

Divine smile, the divine smile of Christ that reflects itself on the one it draws on me. The sheer joy that is essential to being Christian.

Hug of the moon, the moon on the image of Guadalupe, the hug of an ever-present mother and the tender love of her divine child.

And like this, together both of us, God and I, and all the rest of humanity in communion. The fire of the Holy Spirit that brings us together, just as it brings together each little grain of flour when the host is baked—the fire that shines the light of God through His people in communion.


¿Un milagro eucarístico?

Una amiga mía me remarcó la forma en que veía la Eucaristía antes de distribuirla al resto de los feligreses. Ella mencionó cómo yo seguía sonriendo y sosteniéndola con cuidado. Así que procedí a decirle por qué: brilla. No sé si soy la única que ve esto, si es algo tan obvio para todo mundo así que no hablan de eso, o si estoy loca e imaginándomelo. Han pasado unos años desde que empecé a notar este brillo. No es algo que haya visto antes. No es como el pan con una capa de huevo brillante, parece como si alguien hubiera puesto miles de chispas minúsculas de diamantina en la masa de las hostias. Pero ayer me di cuenta de otra cosa en la Eucaristía: un cordero. El contorno de un cordero lleno de paz en el pan. Era obvio para mí, pero muy suave y sutil, mezclándose con el resto de la hostia. Ese momento era tan milagroso pero tan normal, como algo extraordinario que de alguna manera, siempre has sabido. ¡Dios está verdaderamente en la Eucaristía … y Él me permitió verlo! ¿Es herético compartir esta experiencia tan íntima, o tal vez desobediente como la gente que vivió milagros en los evangelios y que les contó a todos a pesar de que Jesús les dijo que no lo hicieran? Realmente no lo sé, pero me siento como la gente cuando se enamora y siente que tiene que decirle a todo mundo.

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Esta experiencia me recordó a una canción que no me quitaba de la mente cuando estaba viendo la Eucaristía. Se llama Brillas de León Larregui:

Dudo que la canción haya sido escrita con una experiencia religiosa en mente, pero para mí describe perfectamente lo que siento con la Eucaristía.

Brillas y brillas tan lindo

Y brillamos juntos entre pestañas

Divina, divina sonrisa

Abrazo de luna

Y así, juntitos los dos

El brillo se refiere a cómo resplandece la Eucaristía, pero también a cómo Cristo brilla a través de nosotros. O como alguien lo dijo en uno de los eventos a los que fui recientemente: “No es casualidad que algunas personas les llamen ventanas a los santos. Por eso a menudo se ven a santos en vitrales. La luz de Cristo brilla a través de ellos literal y metafóricamente “.

El brillo entre las pestañas puede sonar raro al principio, pero veo una conexión entre esto y la reconciliación. La palabra reconciliación proviene del latín: re- otra vez, con- con, cilia- pestañas, es decir, volverse a ver a los ojos, confiando unos en otros de nuevo, un amor basado en honestidad.

Divina sonrisa, la sonrisa divina de Cristo que se refleja en la que se pinta en mí. La alegría pura que es esencial al ser cristiano.

Abrazo de la luna, la luna en la imagen de Guadalupe, el abrazo de una madre siempre presente y el tierno amor de su divino niño.

Y así, juntitos los dos, Dios y yo, y todo el resto de la humanidad en comunión. El fuego del Espíritu Santo que nos une, igual como junta cada pequeño grano de harina cuando la hostia se cose, el fuego de la luz de Dios que brilla a través de Su gente en comunión.

The Adventures of a Traveling Potato in Magis, WYD, and Beyond (Pt.2)

To read part one click here.

I walked for about two or three more hours running on an apple I had eaten in the morning. I saw a small store and I knew I had to stop to get an apricot and a few crackers; I was confident that there would be a meal station soon that accepted our meal tickets. Alas! There it was, the holy meal station. The only problem: a 4-hour-wait to get food. I couldn’t stay, my SCU group had been waiting for hours. There were Polish families along the way cheering us with posters saying “Only 7 more km!” I wanted to cry. I finally got to the entrance only to find that after two hours of waiting outside they weren’t letting anyone else in because there was no more space. We were only supposed to bring a sleeping bag, but many people had brought tents. As I was ready to give up on life, a kind soul opened the entrance to let some people in, among which, I was one of them. Then came the search for my group.

I had no idea how immense one sector, let alone the whole campus, would be. Add in the fact that we were the same age and wearing the same Catholic pilgrim gear. Pope Francis was finishing up with his homily, everyone a static serene sea of reverence, and I a mess of a potato scrambling around to find my pack. When I found them, the Mass was done and everyone was kneeling in the mud, exalting the great King that had humbled himself onto a piece of bread. I was hungry. My friends helped me find a half-eaten can of rice on the ground that in the moment was a feast of mouth-watering nourishment, but that in any other situation would’ve simulated cat food. Paweł was waiting outside of the entrance with Sushi, my friend, not the food. A plate of sushi would have been nice in those moments of hunger, but Sushi, who’s joy radiated onto everyone and who instilled confidence through Christ in me, offered more comfort than food ever could. We had our last meeting as a group where we talked about what type of potato we felt like. What started out like a joke, quickly turned into profound conversation. I felt like a smashed potato, not mashed, like if you were to punch a potato. Weird and confused, what do you do with a punched potato? “Even with your weirdness and everything, we all love you, because that makes you, you” uttered one of my friends, as the rest echoed in agreement.

The next day I felt like absolute sheep. The virus I was carrying had taken my voice and strength away. I hadn’t eaten anything. The unavoidable heat gave me a headache. I was riding the red wave. I had barely been able to sleep on the mattress of mud, alongside my bug buddies that kept me company throughout the night. I was bit by one that numbed my leg for hours, and here I was on another pilgrimage that required us to walk 5 more hours.

Our SCU group stopped in front of a house as we were looking for directions. The owner came out and we started to move away, fearing that he’d be bothered by us loitering near his house. Instead, he welcomed us in, no questions asked. He gave us two-liter water bottles and let us use his pristine bathroom. We felt so unworthy, covered in mud and sweat, used to porta potties, the exact antonym of immaculate. They gave us the hospitality we’d read about in booklets about Polish culture but never imagined would come to life beyond what they had described. As we kept walking, the striking sun turned into an intensely crying sky. An older lady saw us walking from the porch of her home and invited us to come in until the sky cleared, and even though we all wanted to say yes, we had to decline because our leader was waiting for us. Remember Meta’s Irish pilgrimage story? What I had previously lived vicariously I was now living in my own skin. None of us had eaten much, and just as I was about to give up on life, two lovely Polish grandmas showed up on our path. They had just baked two trays of Polish cakes and pastries for us, the pilgrims. They didn’t speak English, so whenever they said something in Polish I’d instinctively say “nie mówię po polsku,”[1] even though I didn’t know each word, somehow I understood them. Perhaps it was because my friend Nicole translated later on, saying that we should take more because the road ahead was rough, but still, there was something so distantly familiar about the Polish people that allowed me to understand them in a spiritual level. Perhaps it was because both them and my Mexican people are so welcoming. In Mexico we have various sayings that highlight this attitude towards life: “Mi casa es su casa,”[2]De rincón a rincón, todo es colchón,”[3] and “Quitarse el pan de la boca.[4] I don’t know if these sayings exist in Polish, but I do know that they at least seem to live them out really well. I felt at home, even though I was on the other side of the world.

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The following weeks, I traveled with my family (Mexican and Italian 😀 ) for the first time in a country other than our own. We went to London and to various cities in Italy.

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Oh and did I mention that we got to see Papa Francesco again?! 😀

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Right after, I went to Germany to meet my French friend Muriel and her German friends that soon became mine as well. After having walked almost nonstop every day, it was nice not to do much there besides relaxing and contemplating life.

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Credits to Muriel Cuissard

After about a week, we packed up our bags again to go to her native France. As I was finishing packing my bag, I was worried that I’d forget the clothes I had just washed the day before, and then I thought “What if I’m worrying about a few pieces of clothes for nothing? What if I had my whole bag stolen? That’s not going to happen, what am I talking about?” We barely made it to the coach on time. We put our bags on the lower compartment and prepared for the 10-hour trip to Paris. It shouldn’t be that bad, I thought, since I had already taken a 25-hour bus from Rome, Italy, to Bochum, Germany. Then, the thought of losing everything came again, “Mumu, have you ever had anything stolen in Paris?” “No, but a friend has. She had her laptop stolen. Thankfully, someone returned it to her a week afterward.” As we arrived in Paris, we got down from the coach to get our luggage. My backpack wasn’t there. Goodbye all my prettiest clothes, goodbye rosary from Nazareth, goodbye all the international gifts I had received, goodbye plane tickets, goodbye passport copy, goodbye laptop. I wasn’t so shocked; I already had the feeling it was going to happen. My mom however, didn’t take it so lightly. When I told her over the phone, she started crying and brought up every possible worst case scenario about how I’d get my identity stolen and die because of what had happened in Paris just a few months before. She brought all the anxiety I had kept far away thus far.

Muriel and I went to Sacré-Cœur a few hours before I finally departed to the US. There I was, in the same spot where I had found myself towards the end of my senior year in high school, and now I was there a few days before starting my senior year of college. This time it felt so different though. Instead of touristy excitement, I felt a profound wave of tranquility. I had time to look at details I had completely dismissed the first time. It seemed that in every smiling Mary, in every shining stone, God was washing my worries away. There was a little girl around 5 kneeling, praying with such sweetness and confidence, with an immense trust in God that far surpassed the size of her tiny body. Muriel asked me “Ça va ?” and I responded “Ça va.” The phrase meaning both the question “Are you ok?” and the response, “I’m ok,” had so much meaning in that moment. It literally means “it/that goes.” Life goes, I’m ok. In fact, I’m more ok than I’ve ever been. In losing everything, I had found everything. I had found the trust in God that I had been fearing and it felt so good to just rest on His hands and realize how truly fine everything was. I had found the value in my experiences, that no matter how many more times I’d be robbed in my life, no one would be able to rob me of those experiences. I had found how every person on my road—from the friends that stuck by my side even if that meant falling down the stairs in front of everyone in the metro station (that actually happened), to the person that took my belongings—they all helped shaped the potato that is me. I’m grateful for the suffering. I’m grateful for getting lost, for being humiliated, for shedding blood, for getting my heart shattered, for sleeping on mud, for losing everything, for having some of my nightmares come true, and for the unexpected joy that sprouted like a flower from concrete. I’m grateful because no matter how much I suffer, it’ll never be compared to how much Jesus suffered for me, so that I would have life and have it abundantly. Life goes, and this potato will keep going, traveling to spread the love and joy God has given me through all the people that have pilgrimaged with me.

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Credits to Muriel Cuissard

[1] I don’t speak Polish

[2] My house is your house

[3] There’s always room for you to stay in my house (lit. “From corner to corner everything’s a mattress”)

[4] To give everything you have to someone (lit. “To take one’s own bread out of one’s mouth [to give it to someone else]”)


Las aventuras de una papa viajera en Magis, la JMJ y más allá (segunda parte)

Para leer la primera parte dale click aquí.

Caminé sola por alrededor de dos o tres horas más, con la energía de una manzana que me había comido en la mañana. Vi una pequeña tiendita y supe que necesitaba parar para comprar un albaricoque y unas galletas saladas; estaba segura de que habría una estación de comida pronto que aceptaría nuestros cupones. ¡Tarán! Allí estaba, la estación de comida sagrada. El único problema: una línea de 4 horas de espera para canjear comida. No pude quedarme, mi grupo de Santa Clara me había estado esperando por horas. Había familias polacas a lo largo del camino animándonos con carteles diciendo “¡Sólo 7 kilómetros más!” Quería llorar. Finalmente llegué a la entrada sólo para escuchar que no estaban dejando entrar a nadie más, porque no había más espacio. Solo se suponía que deberíamos de haber traído una bolsa de dormir, pero mucha gente había traído tiendas de campaña. Estando lista para renunciar a la vida, un alma amable abrió la entrada para dejar entrar a algunas personas, entre las cuales, yo era una de ellas. Luego vino la búsqueda de mi grupo.

No tenía ni idea de cuán inmenso sería un sector, y mucho menos todo el campus. Añádele el hecho de que todos éramos alrededor de la misma edad y todos traíamos el mismo “uniforme” de peregrino católico. El Papa Francisco estaba terminando su homilía, todo el mundo un mar estático y sereno de reverencia y yo una papa en desastre brincando de un lado para otro tratando encontrar a mi grupo. En el momento en que los encontré, la misa había terminado y todos estaban arrodillados en el lodo, exaltando al gran Rey que se convirtió, por su humildad, en un pedazo de pan. Tenía hambre. Mis amigas me ayudaron a encontrar algo para comer. Encontramos una lata de arroz medio comido que en ese momento sabía como un manjar de nutrición que hacía que se hiciera agua la boca, pero que en cualquier otro momento habría simulado comida de gato. Paweł estaba esperando afuera de la entrada con Sushi, mi amiga, no la comida. A pesar de que un plato de sushi hubiera sido realmente agradable en esos momentos de hambre, Sushi, de quien alegría irradiaba a todos y que plantó una sensación de confianza a través de Cristo en mí, ofreció mucha más comodidad y tranquilidad que la comida nunca hubiera podido brindar. Tuvimos nuestra última reunión como grupo, donde pasamos la mayor parte del tiempo hablando de qué tipo de papa cada uno sentía. Aunque comenzó como una broma, muy rápido se convirtió en una conversación profunda. Me sentía como una papa aplastada, no puré, como si le hubieran dado un puñetazo a una papa. Extraña y confundida, ¿qué haces con una papa golpeada? “Hasta con tu rareza y todo, todos te amamos, porque eso te hace a ti ser tú misma” dijo uno de los miembros de mi grupo, con el resto haciéndole eco en son de aprobación.

Al día siguiente me sentía de la chintolas. El virus que traía me había quitado la voz y mis fuerzas. No había comido nada. El calor inevitable me dio un dolor de cabeza. Estaba en mi mezquital. Apenas había podido dormir en el colchón de lodo, junto a mis compañeros los bichos quienes habían decidido hacerme compañía durante toda la noche. Me picó un insecto que hizo que la pierna izquierda se me quedara entumecida durante varias horas, y aquí estaba yo en otra peregrinación que requería caminar 5 horas más.

Nuestro grupo de SCU se detuvo frente a una casa mientras buscábamos direcciones. El dueño salió y empezamos a alejarnos, temiendo que se molestara por estar vagando cerca de su casa. En cambio, nos dio la bienvenida a todos, sin hacer preguntas. Nos dio botellas de agua de dos litros y nos dejó usar su baño prístino. Nos sentíamos tan indignos, cubiertos de lodo y sudor, acostumbrados a los baños portátiles que eran exactamente el antónimo de inmaculado. Nos dieron la la hospitalidad de la que leíamos en folletos sobre la cultura polaca pero que nunca imaginábamos que se haría realidad más allá de lo que habían descrito. Mientras seguíamos caminando, el sol despampanante se convirtió en un cielo intensamente lloroso. Una señora mayor nos vio caminando desde el porche de su casa y nos preguntó si queríamos entrar hasta que el cielo se despejara, y aunque todos queríamos decir que sí, tuvimos que decir que no porque nuestro líder ya nos estaba esperando. ¿Recuerdas la historia de peregrinación irlandesa de Meta? Lo que yo había vivido anteriormente vicariamente, ahora estaba viviendo en mi propia piel. Ninguno de nosotros habíamos comido mucho, y justo cuando estaba a punto de renunciar a la vida, dos tiernas abuelitas polacas aparecieron en nuestro camino. Acababan de hornear dos bandejas de panes y pasteles polacos para nosotros, los peregrinos. No hablaban inglés, así que cada vez que decían algo en polaco yo decía instintivamente “nie mówię po polsku”, aunque yo no sabía cada palabra, de alguna manera las entendía. Tal vez era porque mi amiga Nicole traducía después, diciendo que deberíamos llevarnos más porque el camino por delante era duro, pero aun así, había algo tan remotamente familiar de la gente polaca que me permitió entenderlos en un nivel espiritual. Quizás fue porque tanto ellos como mi gente mexicana son tan acogedores. En México tenemos varios dichos que destacan esta actitud hacia la vida: “Mi casa es su casa”, “De rincón a rincón, todo es colchón” y “Quitarse el pan de la boca”. No sé si estos dichos existen en polaco, pero lo que sí sé es que al menos parecen vivirlos bastante bien. Me sentía en casa, a pesar de que estaba del otro lado del mundo.

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Las siguientes semanas viaje con mi familia (mexicana e italiana 😀 ) por primera vez en un país distinto al nuestro. Fuimos a Londres y a varias ciudades en Italia.

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Ah, ¡¿y mencioné que vimos al Papa Francisco otra vez?! 😀

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Justo después, me fui a Alemania para ver a mi amiga Francesa Muriel y sus amigos alemanes que pronto se convirtieron los míos también. Después de haber caminado casi sin parar diario, estuvo bien no tener que hacer mucho más que relajarme y contemplar acerca de la vida.

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Fotografa: Muriel Cuissard

Después de más o menos una semana, empacamos nuestras maletas otra vez y nos fuimos a su nativa Francia. Acabando de empacar mi maleta, estaba preocupada de que se me olvidaran unas cosas que había acabado de lavar el día antes y después pensé “¿Qué tal que me estoy preocupando por unas prendas de ropa para nada? ¿Qué pasaría si me robaran toda mi maleta? No va a pasar nada, ¿de que hablas?” Apenas alcanzamos a subirnos al camión a tiempo. Pusimos nuestras maletas en el compartimento de abajo y nos preparamos para el viaje de 10 horas a París. No debería de estar tan mal, pensé, ya que ya había tomado un camión de 25 horas de Roma, Italia, a Bochum, Alemania. Después, el pensamiento de perder todo regreso, “Mumu, ¿alguna vez te han robado algo en París?” “No, pero a una amiga sí. Le robaron su laptop. Afortunadamente, alguien se la regreso una semana después.” Cuando llegamos a París, nos bajamos del camión para agarrar nuestras maletas. Mi mochila no estaba allí. Adiós a toda mi ropa más bonita, adiós a mi rosario de Nazaret, adiós a todos mis regalos internacionales que me habían dado, adiós a mis boletos de avión, adiós a mi copia de pasaporte, adiós a mi laptop. No estaba tan en shock; ya sentía que iba a pasar. Mi mamá, sin embargo, no se lo tomó tan a la ligera. Cuando le dije por teléfono, se puso a llorar y saco todos los posibles casos de lo peor que podría pasar acerca de cómo me iban a robar la identidad y me iba a morir por lo que había pasado en París unos meses antes. Me trajo toda la ansiedad que había mantenido lejos hasta ese momento.

Muriel y yo fuimos a Sacré-Coeur unas horas antes de que finalmente me regresara a los Estados Unidos. Allí estaba yo, en el mismo lugar en el que me encontraba hacia el final de mi último año de prepa, y ahora estaba ahí unos días antes de empezar mi último año de universidad. Pero esta vez me sentía muy diferente. En vez de la emoción de turista, sentía una ola profunda de tranquilidad. Tenía el tiempo para ver los detalles que habían pasado por desapercibidos la primera vez. Parecía que en cada Virgencita sonriente, en cada piedra brillante, Dios lavaba mis preocupaciones hasta que se fueran. Había una niña de 5 años hincada, rezando con tanta dulzura y confianza, con una confianza en Dios que sobrepasaba por mucho el tamaño de su pequeñito cuerpo. Muriel me pregunto “ça va ?” y le contesté “ça va.” La frase que significa ambas la pregunta “¿Estás bien?” y la respuesta “Estoy bien”, tenía tanto significado en ese momento. Literalmente significa “eso va.” La vida va, estoy bien. De hecho, estoy más que bien de lo que he estado. Al perder todo, había encontrado todo. Había encontrado la confianza en Dios de la que temía, y se sentía tan bien solo descansar en sus manos y darme cuenta de que tan verdaderamente bien estaba todo. Había encontrado el valor en mis experiencias. Me había dado cuenta de cómo cada persona en mi camino—desde mis amigos que se mantenían a mi lado a pesar de que eso pudiera significar caerse de las escaleras en frente de todos en la estación del metro (eso de verdad paso), hasta la persona que se llevó mis cosas—todas ayudaron a formar la papa que soy yo. Estoy agradecida por el sufrimiento. Estoy agradecida por perderme, por haber sido humillada, por haber derramado sangre, por que se me rompiera el corazón, por dormir en lodo, por haber perdido todo, por que unas de mis pesadillas se hayan vuelto realidad y por la alegría inesperada que brotó como una flor del cemento. Estoy agradecida porque no importa cuánto sufra, nunca se comparará a cuanto sufrió Jesús por mí, para que tu viera vida y que fuera abundante. La vida va, y está papa seguirá yendo, viajando para esparcir el amor y la alegría que Dios me ha dado a través de toda la gente que ha peregrinado conmigo.

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Fotografa: Muriel Cuissard

The Adventures of a Traveling Potato in Magis, WYD, and Beyond (Pt.1)

Almost half a year late, I know, sorry. Buckle up, potatoes, you’re in for a very wild international ride.

My Magis[1] experience started in Łódź, a city right in the center of Poland. I went there 3 days before the event started and I was surprised to see that most people assumed I spoke Polish, even though I thought everyone would immediately think that I was foreign because I’m not blonde and blue eyed. Most people spoke almost perfect English, except for a cute little lady at a store in the airport who kept repeating that she spoke “small English” 🙂 . One time when I walked into a vegan store in Łódź and asked the owner if she spoke English she said that she did and proceeded to ask me where I’m from. When I said Mexico, her face lit up as if I had said “Heaven” and she exclaimed “I really hope you’re from there because I looooove Mexico!” We then had an hour conversation about how my country is her favorite place in the world and how she wants to go and live there. I was pleasantly surprised; I had no idea that people from a country so far away admired my own and knew so much about it.

A few days later when Magis started, the pleasant surprises kept coming. The opening concert was filled with joyful music, dancing, prayer, adoration, and reflection. I never imagined I would ever see so many Catholics my age on fire for their faith. The following day we met with the people from our experiments[2], who were initially strangers from Tanzania, Kenya, India, Slovenia, the U.S., and Poland, but that quickly became a strong spiritual family in Christ. The leader of our group was Paweł, a Pole who did a great job at motivating us to become servant leaders and to live life abundantly.  The only person I knew before going there though was Kathleen, another fellow Santa Clara student who was the joyful sun in our group that would bring happiness into people’s lives wherever she walked. Our particular experiment walked through the path of leadership and took place in Warsaw, which we headed to the next day.

Once in Warsaw, we did presentations almost every day on the pillars of what it means to be a good Catholic leader in each of our respective countries. I thought that we would have the same ideas on most subjects, besides, aren’t love, ingenuity, heroism, and individuality the same thing everywhere? Far from the truth. Take for example Cecilia, a girl filled with wisdom about the Tanzanian culture and what it’s like for a foreigner to live in India. She talked about how a hero in Tanzania is a lion-slayer with fiery red braids, definitely not your typical Mexican superhero 😛 . I was intrigued to see how each culture viewed the world through a different lens and how distinct each piece of mosaic, meaning each of us, was in forming the image of God’s kingdom.

We would also do various activities around the city every day, such as going to the museum. The museum of Warsaw rising really touched me. It was dedicated to the history around WW2 in Poland, specifically in the capital. Pretty much the whole city was destroyed. If the Germans saw a building that was still standing, they would blow it up.  People would try to escape and save injured people by going through the sewers, but once the Germans found out, they would put bombs in the sewers too. Regardless of all the pain and destruction that the Poles went through, they brought up a now beautiful city from ashes and their faith kept strong and grew more. I truly admire their ability to hold on so tightly to God during a time when one could have easily fallen into the claws of despair.

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Notice how it looks like there’s light coming from His heart? Yeah, that’s not a filter 🙂

Some other days we would go to the park to sing songs in our own languages, to play volleyball, heads up, or simply to enjoy each other’s presence.

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And of course, we had Mass, Magis prayer circles, and Ignatian reflection every day. In my Magis circle were the two Marias (or three if you include me…talk about creative Catholic names 😛 ): Maria from Kenya, who filled our group with faith and guidance from the Holy Spirit, and Maria from the U.S.  with her ever peaceful excitement that would join me in fangirling over Eduardo Verástegui and his amazing Catholicness. Everyone in the group had a little spark of life to give off to everyone else.

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Credits to Sushmita Aind. Part of our group, some of the members are missing.

One day, all the experiment groups that were staying in Warsaw came to the school where we were staying, to gather for Mass and for a dance afterward. During the Mass, when it came time for the Our Father, a cloud of unknowing surfaced above our heads; a cloud of words in so many languages, it was impossible to see through it. My wee brain couldn’t wrap itself around how easily God could untangle each of those words to see the clear sounds of love calling to Him.

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Credits to Anthony Glenn Gomez, the wonderful photographer who took most of the high-quality pictures included in this post.

Throughout all of this, what made my experience memorable were the people. Meta, one of the Slovenes in my group, told me of a time when she was on a pilgrimage in Ireland. Everyone was exhausted from walking and hunger pangs started to hit, when all of the sudden, it started to rain. They were looking for a shelter to eat under, they saw a roof thing in the distance, and someone in their group went there to ask the owner if they could eat under there. To their surprise, the owner invited all of the group inside their humble home. Soon, he started calling up all of his friends who brought food and they all had a wonderful feast of sorts. At the time, it sounded so incredible to me. Were there people who were THAT nice? Little did I know that the writer of my life had used this story as a foreshadowing for something that I would stumble upon later down the road.

At the end of our time in Warsaw it was hard to leave so many adventures behind. Thankfully, that wasn’t the end. In Częstochowa, a famous pilgrimage town where the image of the black Madonna is, bubbles of blissful memories were formed, but I also encountered some spikes on the road of my faith. Among the great experiences was the festival of the nations, where I had the opportunity to experience songs and dances from most of the countries present at Magis. It was a spectacle of colors and sounds, seeing God expressed in art from so many places that I didn’t know much about and some that I didn’t even know existed.

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Credits to Anthony Glenn

Also, this picture. We wanted to take a picture in an original pose, so we decided to line up by height, progressively leaning down to one side the shorter the person was. If you hadn’t already guessed, I’m the shortest, so I had to be close to the ground. I thought it would be artsy to lie down on the grass, I thought it would look something like this, expectation:

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Credits to Anthony Glenn

Reality, a sack of potatoes:

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That day was particularly hard on me. All throughout my time in Poland I’d been undergoing an emotional struggle that I felt like I shouldn’t share with anyone because I was ashamed of myself for feeling that way. That day, I finally broke down. We had a huge reconciliation service where I finally told a priest, and I expected him to say something like “get away from that situation as soon as possible” or “you should be ashamed of what you’re feeling.” Instead, he told me to ask Jesus how to learn to love like Him and through Him. The word “mercy” that was the focus of WYD really came to life for me in that moment of reconciliation. The priest hugged me and told me that for my penance I had to go lie down on a grassy hill nearby, look at the sky, and smile at God. Still crying, out of relief and joy, I went to a hill (ironically enough I was at Jasna Góra, which means Luminous Hill in English), and as I was lying down staring at the sky, I kept seeing images of God in the clouds. Call me crazy, it might have been just me, but I truly believe that God was trying to send me the message that He was there with me, in all the suffering and messiness of my life.

If I had been doubting that, He confirmed His presence with my Slovene friend Nina. I was inside the mystical chapel of the Black Madonna, still pondering about how guilty I felt, when she asked if she could pray over me. Even though several people had prayed for me in the past, I’d never had someone pray over me. It felt like I was able to see inside an opened door to Heaven. After she finished, with my face still moist from the tears, I asked her if she had any intentions that she wanted me to pray for and, to my surprise, she was going through something incredibly similar.

The following week in Krakow was Catholic Disneyland. With around 3 million young ones there for WYD, it was ecstatic, sweaty, gross, and blissful all at the same time. My friend Piotrek, one of the leaders of our Magis experiment, made a video that captures that essence really well:

This picture was taken right after the first Mass with Pope Francis, shortly after we’d been baptized in the Holy Spirit, a shower of peace, and after I had managed to interpret the Italian-ness of the Pope with surprising ease (it must have been the Spirit 😉 ) even though I usually suck at it.

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Credits to Anthony Glenn

Fast-forward to Saturday, day of the vigil at Campus Misericordiae. All of the Santa Clara girls headed there as soon as 11am even though the papal Mass wouldn’t start until 7:30pm. Apparently they wanted to save a space. I figured I would have enough time to stop and say goodbye to some of my friends at the central train station, so I did. I thought we would go have lunch somewhere but it seemed like everyone was in a hurry. At least, I thought, I’ll go to Campus Misericordiae with my friends. “You can’t come with us, you’ll be in a different sector on the other side of the river; we all have to take different trams and buses according to our sectors.” Crap, I don’t want to go by myself, I’ll get lost and die, I thought. “Don’t worry, I’ll find someone that’s going to your sector too so that you won’t get lost.” So the leader of my group asked pretty much everyone on the central train station what sector they were going to, until he found a pair of Polish guys that were going to sector C; I was going to sector B9, close enough. The pair of Poles looked wise, about 27, and they spoke impeccable English and Polish so I felt safe. Paweł explained the route to me “You’ll get on this tram; get down on the stop that they tell you and then you’ll part ways to go to your own sectors” easy enough.

We got on the tram, and they thought I was dying on the way there because I couldn’t stop coughing. I had finally picked up what all the other pilgrims got sick with at the beginning of our trip. We go down, and as I was saying my goodbyes to them, one of them stopped me mid-sentence and says “Actually, we got down on the wrong stop.” “Ok, but can we take another bus or the same tram to get to where we were supposed to go?” “There are no buses here or anything; we’re in the middle of nowhere…we have to walk there.” “How long should it take?” “About an hour.” Three hours later, we were finally nearing the place where the tram should have left us when it occurred for me to ask them “Do you guys work or study?” “We study.” “What do you study?” thinking what major/masters/doctorate, since everyone in Poland seemed to have a collection of those since all sorts of education there is free. “We’re in high school, we’re 17.” There I was, babysitting these boys who knew about as much as I did on not getting lost. As we parted ways, I thought I would be close to my destination… Wanna know if I died on the way? Find out on the second part!

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Credits to Paweł (not my leader) I-don’t-remember-his-last-name, the 17-year-old holding my phone.

[1] More, in Latin. A 15-day Jesuit retreat before World Youth Day (the biggest gathering of Catholic youth).

[2] A Magis group; each of them focused on spirituality, art, pilgrimage, culture, or service.


Las aventuras de una papa viajera en Magis, la JMJ y más allá (primera parte)

Casi medio año de atraso, lo sé, lo siento. Pónganse los cinturones, papas, están a punto de embarcar en un viaje muy salvaje e internacional.

Mi experiencia de Magis[1] comenzó en Łódź, una ciudad en el centro de Polonia. Fui allí 3 días antes del comienzo del evento y me sorprendió ver que la mayoría de la gente asumía que hablaba polaco, a pesar de que pensaba que todo el mundo pensaría inmediatamente que yo era extranjera porque no soy rubia y de ojos azules. La mayoría de la gente hablaba inglés casi perfecto, a excepción de una tierna pequeña señora en una tienda en el aeropuerto que repetía y repetía que ella hablaba “inglés chiquito” 🙂 . Una vez cuando entré en una tienda vegana en Łódź y le pregunté a la dueña si hablaba inglés me dijo que sí y procedió a preguntarme de dónde soy. Cuando le dije que de México, su rostro se iluminó como si hubiera dicho “del Cielo” y exclamó: “De veras espero que seas de allí porque yo amooooooo a México!” Luego tuvimos una conversación de una hora acerca de cómo mi país es su lugar favorito en el mundo y de que quiere irse a vivir allí. Me sorprendió gratamente; no tenía ni idea de que la gente de un país tan lejano admirara el mío y que supieran tanto de él.

Pocos días después cuando Magis empezó, las sorpresas agradables siguieron llegando. El concierto de apertura estaba lleno de música alegre, baile, oración, adoración y reflexión. Nunca me imaginé poder ver tantos católicos de mi edad con su fe en llamas. Al día siguiente nos reunimos con la gente de nuestros experimentos[2], quienes al principio eran extraños de Tanzania, Kenia, India, Eslovenia, Estados Unidos y Polonia, pero que rápidamente se convirtieron en una fuerte familia espiritual en Cristo. El líder de nuestro grupo era Paweł, un polaco que hizo un gran trabajo en motivarnos a convertirnos en líderes de servicio y a vivir la vida en abundancia. La única persona que conocía antes de ir allí era Kathleen, otra estudiante de Santa Clara que era el sol alegre en nuestro grupo que traía felicidad a la vida de la gente dondequiera que ella caminara. Nuestro experimento particular era un caminó a través de la trayectoria del liderazgo y ocurrió en Varsovia, a donde nos dirigimos el día siguiente.

Una vez en Varsovia, teníamos presentaciones casi todos los días acerca de los pilares de que significa ser un buen líder católico en cada uno de nuestros respectivos países. Pensé que tendríamos las mismas ideas sobre la mayoría de los temas, además, ¿que no el amor, el ingenio, el heroísmo y la individualidad son lo mismo en todas partes? Lejos de la verdad. Tomemos por ejemplo a Cecilia, una chica llena de sabiduría sobre la cultura tanzana y cómo es vivir en la India para una extranjera. Hablaba de cómo un héroe en Tanzania es un mata-leones con trenzas rojas ardientes, o sea definitivamente no es tu típico Chapulín colorado mexicano :P. Me intrigaba ver cómo cada cultura veía el mundo a través de un lente diferente y cuán distinta era cada pieza de mosaico, es decir, cada uno de nosotros, en formar la imagen del reino de Dios.

También hacíamos varias actividades alrededor de la ciudad todos los días, como ir al museo. El museo de Varsovia realmente me tocó. Fue dedicado a la historia alrededor de la Segunda Guerra Mundial en Polonia, específicamente en la capital. Casi toda la ciudad fue destruida. Si los alemanes veían un edificio que todavía estaba en pie, lo explotaban. La gente trataba de escapar y salvar a las personas heridas pasando por las alcantarillas, pero una vez que los alemanes se enteraron, también ponían bombas en las alcantarillas. A pesar de todo el dolor y la destrucción que sufrieron los polacos, levantaron una ciudad de las cenizas y su fe se mantuvo fuerte y creció más. Realmente admiro su capacidad de apegarse tan fuertemente a Dios durante un tiempo cuando uno podría haber caído fácilmente en las garras de la desesperación.

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¿Te das cuenta cómo se ve que le está saliendo luz del corazón? Pues no es un filtro 🙂

Otros días íbamos al parque a cantar canciones en nuestro propio idioma, a jugar al voleibol, “Heads Up” o simplemente a disfrutar de la presencia de cada uno.

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Y por supuesto, teníamos Misa, círculos de oración Magis, y reflexión ignaciana todos los días. En mi círculo de Magis estaban las dos Marías (o tres incluyéndome a mí… hablando de nombres católicos creativos 😛 ): Maria de Kenia, que llenaba nuestro grupo de fe y de orientación del Espíritu Santo, y María de los Estados Unidos siempre con su emoción pacífica que se me juntaba a admirar cómo fans #1 a Eduardo Verástegui y su súper catolicismo. Todo el mundo en el grupo tenía una pequeña chispa de vida para dar a todos los demás.

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Fotógrafa: Sushmita Aind. Parte de nuestro grupo, faltan algunos miembros.

Un día, todos los experimentos que se estaban quedando en Varsovia vinieron a la escuela donde estábamos nosotros a reunirse para la misa y el baile después. Durante la misa, cuando llegó el momento del Padre Nuestro, una nube de desconocimiento surgió sobre nuestras cabezas; una nube de palabras en tantos idiomas, que era imposible atravesarla. No me cabía en mi pequeña cabeza la facilidad con que Dios podía desentrañar cada una de esas palabras para ver los claros sonidos de amor que le llamaban.

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Fotógrafo: Anthony Glenn Gomez, quien tomó la mayoría de las fantásticas fotos de alta calidad en esté artículo.  

A lo largo de todo esto, lo que hizo mi experiencia memorable fue la gente. Meta, una de las eslovenas de mi grupo, me contó una vez en la que estaba en peregrinación en Irlanda. Todo el mundo estaba agotado de caminar y el hambre comenzaba a punzar, cuando de repente, empezó a llover. Estaban buscando un refugio para comer debajo de él, vieron un techo en la distancia, y alguien en su grupo fue ahí a preguntarle al dueño si podían comer debajo de él. Para su sorpresa, el propietario invitó a todo el grupo dentro de su humilde hogar. Pronto, empezó a llamar a todos sus amigos que trajeron comida y todos tuvieron un manjar maravilloso. En ese momento, me sonaba tan increíble. ¿Había gente que era TAN buena gente? Poco sabía yo que el escritor de mi vida había utilizado esta historia como un presagio para algo con lo que me toparía más tarde en el camino.

Al final de nuestro tiempo en Varsovia, fue difícil dejar tantas aventuras atrás. Afortunadamente, ese no fue el final. En Częstochowa, una famosa ciudad de peregrinación donde se está la imagen de la Virgen negra, se formaron burbujas de hermosos recuerdos, pero también encontré algunos picos en el camino de mi fe. Entre las padres experiencias estaba la fiesta de las naciones, donde tuve la oportunidad de vivir canciones y bailes de la mayoría de los países presentes en Magis. Era un espectáculo de colores y sonidos, viendo a Dios expresado en el arte de tantos lugares de los que no sabía mucho y algunos que ni siquiera sabía que existían.

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Fotógrafo: Anthony Glenn

Y también, esta foto. Queríamos tomar una foto en una pose original, así que decidimos alinearnos por altura, inclinándonos progresivamente hacia un lado, cuanto más bajita era la persona. Si no lo has ya adivinado, soy la más bajita, así que tuve que estar cerca del suelo. Pensé que sería artístico tumbarme en el pasto, pensé que sería algo así, expectativa:

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Fotógrafo: Anthony Glenn

Realidad, un saco de papas:

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Ese día fue particularmente difícil para mí. Durante todo mi tiempo en Polonia había estado sufriendo una lucha emocional que sentía que no debía compartir con nadie porque estaba avergonzada de mí misma por sentirme así. Ese día, finalmente estalle. Tuvimos un gran servicio de reconciliación donde finalmente le dije a un sacerdote, y esperaba que dijera algo como “aléjate de esa situación tan pronto como sea posible” o “debería avergonzarte de lo que está sintiendo”. En cambio, me dijo que le pidiera a Jesús cómo aprender a amar como Él y a través de Él. La palabra “misericordia” que fue el enfoque de la JMJ realmente cobró vida para mí en ese momento de reconciliación. El sacerdote me abrazó y me dijo que para mi penitencia, tenía que acostarme en una colina cercana, ver hacia el cielo y sonreírle a Dios. Todavía llorando, de alivio y alegría, fui a una colina (irónicamente estaba en Jasna Góra, que significa Colina Luminosa en español), y mientras estaba acostada viendo hacia el cielo, seguía viendo imágenes de Dios en las nubes. Llámame loca, podría haber sido sólo yo, pero realmente creo que Dios estaba tratando de enviarme el mensaje de que Él estaba allí conmigo, en todo el sufrimiento y desorden en mi vida.

Si yo lo estaba dudando, Él confirmó Su presencia con mi amiga eslovena Nina. Yo estaba dentro de la capilla mística de la Virgen Negra, todavía pensando en lo culpable que me sentía, cuando me preguntó si podía orar sobre mí. Aunque varias personas habían orado por mí en el pasado, nunca alguien había rezado sobre mí. Me sentí como si fuera capaz de ver dentro de una puerta abierta al cielo. Después de que terminó, con la cara aún húmeda por las lágrimas, le pregunté si tenía alguna intención por la que ella quería que yo rezara y, para mi sorpresa, estaba pasando por algo increíblemente similar.

La semana siguiente en Cracovia fue la Disneylandia católica. Con alrededor de 3 millones de jóvenes allí para la JMJ, fue extática, sudorosa, asquerosa y dichosa al mismo tiempo. Mi amigo Piotrek, uno de los líderes de nuestro experimento de Magis, hizo un video que captura muy bien esta esencia:

Esta foto fue tomada justo después de la primera Misa con el Papa Francisco, poco después de habernos bautizado en el Espíritu Santo, una lluvia de paz, y después de haber logrado interpretar la italianidad del Papa con sorprendente facilidad (debe haber sido el Espíritu 😉 ), aunque por lo general lo hago muy mal.

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Fotógrafo: Anthony Glenn

Saltémonos hasta el sábado, día de la vigilia en el Campus Misericordiae. Todas las chicas de Santa Clara se dirigían allí tan temprano como a las 11 de la mañana, aunque la misa papal no comenzaría hasta las 7:30 pm. Aparentemente querían guardar un espacio. Pensé que tendría tiempo suficiente para detenerme y despedirme de a algunos de mis amigos en la estación central de trenes, así que lo hice. Pensé que íbamos a ir a almorzar en algún lugar, pero parecía que todo el mundo tenía prisa. Al menos, pensé, iré al Campus Misericordiae con mis amigos. “No puedes venir con nosotros, vas a estar en un sector diferente en el otro lado del río; todos tenemos que tomar diferentes tranvías y autobuses de acuerdo a nuestros sectores.” Chin, no quiero irme sola, me voy a perder y morirme, pensé. “No te preocupes, encontraré a alguien que vaya a tu sector también para que no te pierdas”. Así que el líder de mi grupo le preguntó a casi todos en la estación central a qué sector iban, hasta que encontró a un par de individuos polacos que iban al sector C; yo iba al sector B9, lo suficientemente cerca. El par de polacos parecían sabios, de unos 27 años, y hablaban inglés impecable y polaco, así que me sentí segura. Paweł me explicó la ruta: “Te subes a este tranvía; te bajas en la parada que te digan y luego te vas por tu propio lado a tu sector” fácil.

Nos subimos al tranvía, y pensaban que me estaba muriendo en el camino porque no podía parar de toser. Finalmente me había pegado lo que les había dado a todos los otros peregrinos al principio de nuestro viaje. Nos bajamos, y mientras me estaba despidiendo, uno de ellos me detuvo a la mitad de la frase y dijo: “Este, es que nos bajamos en la parada equivocada.” “Ok, ¿pero podemos tomar otro autobús o el mismo tranvía para llegar a donde se suponía que íbamos? ” “No hay autobuses aquí ni nada; estamos en el medio de la nada … tenemos que caminar para llegar ahí”. “¿Cuánto nos tomará?” “Una hora”. Tres horas después, por fin nos acercábamos al lugar donde el tranvía debía habernos dejado cuando se me ocurrió preguntarles: “¿Trabajan o estudian?” “Estudiamos.” “¿Qué estudian?” Pensando qué licenciatura/maestría/doctorado, ya que todos en Polonia parecían tener una colección de esos ya que todo tipo de educación allí es gratis. “Estamos en la prepa, tenemos 17 años.” Allí andaba yo, cuidando a estos chamacos que sabían tanto como yo en no perderse. Mientras nos separábamos, pensé que estaría cerca de mi destino… ¿Quieres saber si me morí en el camino? ¡Entérate en la segunda parte!

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Fotógrafo: Paweł (no mi líder) No-me-acuerdo-de-su-apellido, el niño de 17 que traía mi celular. 

[1] Más, en latín. Un retiro jesuita de 15 días antes de la Jornada Mundial de la Juventud (el evento más grande de jóvenes católicos).

[2] Un grupo de Magis; cada uno se enfocaba en espiritualidad, arte, peregrinación, cultura o servicio.

Volunteering in Italy Braiding Hair And Shedding Blood? The Adventures of a Traveling Potato

Hello dearest readers!

Well, this definitely comes with a bit of a delay or more than a bit I should say… but after 3 months of traveling, more than 20 cities visited, hundreds of friends made, millions of steps walked, and all my belongings lost, I’m finally back! These past few months have seen some of the best experiences in my life and I would like to share those with you 🙂 .

It all started with my trip to Cesano Maderno, a town 20 minutes away from Milan, Italy, to volunteer at an oratorio. You might be wondering what an oratorio is, and to put it into a few words it’s kind of like a summer camp for kids that parishes organize. To be honest, for some reason I thought I would just be teaching English but I was surprised to see that that wouldn’t be exactly the case.

Chiara, a lovely 15-year-old girl who also volunteered at the oratorio, and her family, warmly welcomed me into their home. I was initially intrigued by the fact that they were real people who had been through the Seveso disaster, something that I had recently studied in one of my Italian classes. But I think what stuck with me the most about my host family in Lombardy was their willingness to share their everyday-life with me, something so simple, yet so fulfilling and heart-warming. I loved being able to see their perspective on the world, even through silly things like board games 😀 .

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Talking about world perspectives, kids are interesting creatures when it comes to that. I was fascinated to see how fascinated the kids were by the fact that I was foreign. “Wow! You are from Mexico and you live in California? That’s so cooooooooool!” *stares at me for like 20 days*. Also, I guess every Latina looks the same to them? Because there was another really nice Latina girl from the U.S. there volunteering with me and they would always call me her name, Madai, which ironically in Italian means something along the lines of “c’mon!” I was also surprised by how normal it would be for kids to sit on top of each other there. One time, one of the boys asked one of the chubbiest kids to come and sit on top of him, and instead of refusing, he willingly accepted. Meanwhile the other boy squeezed his love handles as if he were some sort of stress-relief ball, while the other one calmly remained seated with the most nonchalant face. Yup, that is apparently a thing amongst Italian kids, dear readers.

I have to say though, on the first day the kids almost scared me away. First, a 10-year-old boy comes up to me and asks me if I have a boyfriend to which at the time I had to say no (At the time? Who am I kidding, that’s still a no 😛 ), so he proceeds to kneel and bend one knee saying in the most endearing yet creepiest of voices “do you want to get in a relationship with me?” I nervously laughed reminiscing about a boy in 7th grade who asked me if I wanted to be his girlfriend through Schoolloop, the middle school’s homework website. I vividly remember how that “romantic” conversation went on Schoolloop. Who needs match.com or Tinder when you have Schoolloop, right?! :

Him: Hey, I heard someone saying that u think I’m cute

Me: Um… what? (Such things never came out of my mouth or brain)

Him: Cuz I think ur cute

Me: Thanks

Him: Anyway, do u want to be my girlfriend?

Me: I think we’re too young for this

Him: Nah, I got friends younger than us who got girlfriends. Anyway, you gotta tell me quick cuz my brother’s gonna use the computer to play

I think I ended up telling him that I would tell him in 2 years, but in reality, I hid behind whatever I could find in front of me so that I wouldn’t have to see him again. Meanwhile at the oratorio the girls at the table where we were eating shooed my young admirer away while he shot me a glance and said: “I’ll bother you until you say yes.” Oh and bother me he did, but said yes I did not.

Later that day, we played a game at the oratorio called “Bulldozer.” The way it goes is roughly like this: The kids line up at the end line of a soccer field, while the animatori (volunteers) line up in the middle line. When someone blows a whistle, the kids run toward the other end-line and their goal is to not get hugged and lifted from the ground by one of the volunteers because once that happens, they’re out. So that wasn’t that bad… until the roles switched. Another volunteer tried to warn me: “Careful, when it’s the kids’ turn to get us, they murder us.” I brushed it off and thought “It can’t be THAT bad.” Oh but it was THAT bad. As I ran trying to escape the wee children, one of them stronger than me (doesn’t take that much, I’m a tiny potato that hasn’t stepped inside the gym in years) grabbed me by the legs, and dragged me along the field as I unsuccessfully tried to grab on to the turf to save myself. He called 2 or 3 other buddies (I couldn’t tell exactly how many; I already felt like dying), some of them grabbed me by the arms and the others by the legs as they swung me high up into the air and slammed me down merciless into the ground. I felt my brain bounce around like a ping-pong inside my skull, and as I tried to get up, I noticed that I was covered in blood from all the dragging. Aside from that, most of the kids were quite lovely.

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One of them would always carry around a little bag with him and one day he showed me what he had inside: nail polish. Then, he told me that he used them to paint some art pieces that he would make with hot glue, and he gifted me his most precious ones. Another kid would always ask me what my name was because he had never heard of anyone with a name as long as María Magdalena Quiroz Hernández. And then there was another one that became my #1 fan in the last 2 days I was there even though I had never seen him in the whole month prior to that. He would follow me around, laugh dorkily, yell “let’s give a round of applause to Maleny!” and proceed to clap even though no one else would join him. But what was I mostly known for at the oratorio? Braiding hair.

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Yeah, that’s right, that wasn’t in the job description but it was actually quite fun. It started one day when one of the girls saw my braids and asked me if I had done them, I said yes and before I knew it there was already a line of girls (and boys!) ready to have their hair done. Sometimes they turned out ok, other times I was grateful the amount of mirrors at the oratorio was limited. While I braided away I would ponder about life and reflect on my experience there. To be completely honest, I was a bit disappointed to see that prayer wasn’t the focus of the oratorio even though it was in the name. It seemed like playing was the focus and prayer was something that they tried to quickly get done and over with. But hey! Maybe I could bring more prayer in, even if it’s just a wee grain of sand! So I started praying while I braided and trying to encourage kids to go to Mass. I was pleasantly surprised to then see them on Sundays at church, some even as altar boys!

Along with the volunteering, the parish priest, Don Sergio, would also take us (the volunteer girls from American universities), and some of the other guys from the parish to go on trips. One time, we went to Lake Como, and I was blown away by the beauty. The pictures don’t do it justice, but at least you can get an idea:14086259_10210606466423747_4012817870221440620_o

14047128_10210606466263743_4774373835037484501_oAnother time we went on a trip with the kids to some mountains, and a beautiful church on top where we had Mass. Again, God is such a show off when it comes to nature 😛 :13995442_10210606531665378_2314062623027468263_o-1

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14066367_10210606349220817_2613903381366817616_oAnd Venice was a must, of course:13987526_10210606577906534_7266576377475925102_o

14107865_10210606583186666_3531700547349779707_oThe Italian host families threw a beautiful party for all of us before we left and I had the opportunity to make them some Mexican food, which a lot of them were trying for the first time. The families were absolutely wonderful; they even made me a vegan chocolate cake and featured us in the town’s magazine!:14047344_10210606562626152_2716290558659862128_o

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13995658_10210606456743505_914647527308107504_oI’m really grateful for all the wonderful people that made my experience possible and unforgettable, including my host family, the kids, the volunteers, SCU, VoluntarItaly, and of course the guy up there making my life more beautiful than I could ever imagine every time 😉 .

If you want to read what adventures followed in Magis and World Youth Day in Poland plus more, stay tuned for my next post!


¿Trabajando en Italia como voluntaria haciendo trenzas y derramando sangre? La aventuras de una papa viajera

¡Hola queridísimos lectores!

Bueno, pues esto definitivamente viene con un poco de retraso o más que un poco debería decir… pero después de haber viajado 3 meses, de haber visitado más de 20 ciudades, haber hecho cientos de amigos, haber dado millones de pasos, y haber perdido todas mis pertenencias, finalmente estoy de regreso! Estos últimos meses han visto algunas de las mejores experiencias de mi vida y me gustaría compartirlas contigo 🙂 .

Todo empezó con mi viaje a Cesano Maderno, un pueblito a 20 minutos de Milán, Italia, para trabajar como voluntaria en un oratorio. Tal vez te preguntes lo que es un oratorio, y para ponerlo en pocas palabras es más o menos como un campamento de verano que las parroquias organizan para niños. Para ser honesta, por alguna razón pensé que solo iba a enseñar inglés pero me sorprendió ver que eso no sería exactamente el caso.

Chiara, una niña encantadora de 15 años que también trabajó como voluntaria en el oratorio, y su familia, amablemente me recibieron en su casa. Al principio me intrigó el hecho de que fueran personas reales que habían pasado por el desastre de Seveso, algo que recientemente había estudiado en una de mis clases de italiano. Pero creo que lo que más se me quedó grabado de la familia que me recibió en Lombardía fue su disposición al compartir su vida diaria conmigo, algo tan simple, pero tan alentador y que me llenó mucho. Me encantó poder ver su punto de vista del mundo, incluso a través de cosas tan sencillas como los juegos de mesa 😀.

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Hablando de perspectivas mundiales, los niños son criaturas interesantes cuando se trata de eso. Fue fascinante ver cómo los niños estaban fascinados por el hecho de que yo era extranjera. “¡Guau! ¿Eres de México y vives en California? ¡Que padreeeeeeee! ” *se me queda viendo como por 20 días*. Además, ¿creo que todas las mujeres latinas se les hacen iguales? Porque había otra chava latina muy buena gente de EE.UU. que trabajaba de voluntaria conmigo y siempre me llamaban por su nombre, Madai, que, irónicamente, en italiano significa algo así como “¡no manches!” o “¡ándale!” También me sorprendió lo normal que era que los niños se sentaran uno encima del otro. Una vez, uno de los chicos le pidió a uno de los niños más chochitos que viniera y sentara encima de él, y en vez de negarse, él aceptó voluntariamente. Mientras tanto, el otro chico le apretaba las lonjas como si fuera algún tipo de bolita anti estrés, mientras que el otro se quedaba ahí sentado tranquilamente con la cara más despreocupada que te puedas imaginar. Sí, queridos lectores, al parecer eso es algo que existe entre los niños italianos.

Nada más que sí tengo que decir, el primer día los niños casi me ahuyentaron. Primero, un niño de 10 años, se me acerca y me pregunta si tengo novio a lo que en el momento le tuve que decir no (¿En el momento? A quién quiero engañar, todavía sigue siendo un no 😛), por lo que se incó y doblo una rodilla diciendo en la más entrañable pero al mismo tiempo espeluznante de las voces “¿quieres estar en una relación conmigo?” Me dio una risita medio nerviosa recordando a un niño que en primero de secundaria me preguntó que si quería ser su novia a través de Schoolloop, la página web de tareas de la secu. Recuerdo vívidamente como estuvo esa conversación “romántica” en Schoolloop. ¡¿Quién necesita match.com o Tinder cuando se tiene Schoolloop, verdad?! :

Él: Ey, oí a alguien decir q piensas q estoy tierno

Yo: Este… ¿qué? (Este tipo de cosas nunca salieron de mi boca o de mi cerebro)

Él: Xq yo si pienso q tu estas tierna

Yo: Gracias

Él: X, quieres ser mi novia?

Yo: Creo que estamos demasiado jóvenes para esto

Él: Naa que, hasta tengo cuates mas chicos que nosotros que tienen novias. Pero pues ya dime pronto xq mi hermano ya va venir a usar la compu pa jugar

Creo que terminé diciéndole que le diría en 2 años, pero en realidad, me escondí detrás de todo lo que pudiera encontrar en frente de mí para no tener que volver a verlo. Mientras tanto, en el oratorio las chicas en la mesa donde estábamos comiendo largaron a mi joven admirador mientras él me lanzó una mirada y me dijo: “Te voy a molestar hasta que me digas que sí” Ah y sí que me molestó, pero nunca le dije que sí.

Más tarde ese día, jugamos algo en el oratorio que se llamaba “Bulldozer”. Más o menos así va: Los niños se ponen en la línea final de un campo de fútbol, mientras que los animatori (voluntarios) se ponen en la de en medio. Cuando alguien suena un silbato, los niños corren hacia la otra línea final y su objetivo es no ser abrazados y levantados del suelo por uno de los voluntarios, porque una vez que eso sucede, están fuera. Eso no estuvo tan mal… hasta que cambiaron los papeles. Otra voluntaria trató de advertirme: “Cuidado, cuando a los niños les toca atraparnos, nos matan.” Se me resbaló el comentario y pensé “No creo que me vaya TAN mal”. Ah pero sí me fue TAN mal. Mientras corría tratando de escapar de los mijos, uno de ellos más fuerte que yo (que no toma mucho, soy una pequeña papa que no ha puesto un pie en un gimnasio en años) me agarró por las piernas, y me arrastró a lo largo del campo al mismo tiempo que yo, sin éxito, trataba de agarrarme del pasto sintético para salvarme. Le habló a 2 o 3 otros compañeros (no sabría decir exactamente cuántos, ya me sentía que me estaba muriendo), algunos de ellos me agarraron por los brazos y los otros por las piernas a medida que me aventaron muy alto en el aire y me azotaron contra el suelo sin piedad. Sentía mi cerebro rebotar como una pelota de ping-pong dentro de mi cráneo, y mientras trataba de levantarme, me di cuenta de que estaba cubierta de sangre de la arrastrada que me habían dado. Aparte de eso, la mayoría de los niños eran bastante adorables.

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Uno de ellos siempre cargaba una bolsita y un día me enseñó lo que tenía adentro: esmaltes de uñas. Entonces, me dijo que los utilizaba para pintar algunas piezas de arte que hacía con silicón, y me regaló unas de sus obras más preciadas. Otro niño siempre me preguntaba cómo me llamaba ya que nunca había oído hablar de alguien con un nombre tan largo como María Magdalena Quiroz Hernández. Y luego había otro que se convirtió en mi fan # 1 en los últimos 2 días que estaba allí a pesar de que nunca lo había visto en todo el mes antes de eso. Él me seguía a todas partes, se reía medio menso, y gritaba “¡Un aplauso para Maleny!” y procedía a aplaudir a pesar de que nadie más lo hacía. Pero ¿Por qué cosa era por la que más me conocían? Por hacer trenzas.

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Sí, es verdad que eso no estaba en la descripción del trabajo, pero resultó ser bastante divertido. Empezó un día cuando una de las niñas vio mis trenzas y me preguntó si yo me las había hecho, le dije que sí y antes de que me diera cuenta ya había una fila de niñas (y niños!) listos para que los peinara. A veces me salían bien, otras veces que estaba agradecida de que la cantidad de espejos en el oratorio era limitada. Mientras que hacía trenzas, reflexionaba sobre la vida y sobre mi experiencia ahí. Para ser completamente honesta, estaba un poco decepcionada al ver que la oración no era el enfoque del oratorio a pesar de que estaba en el nombre. Parecía que jugar era el enfoque y la oración era algode lo que trataban de deshacerse rápidamente. ¡Pero taran! Tal vez yo podría aportar más oración, ¡aunque fuera sólo un granito de arena! Así que empecé a rezar mientras hacía trenzas y a tratar de animar a los niños a que fueran a misa. Me sorprendí gratamente después al verlos los domingos en la iglesia, ¡algunos incluso como monaguillos!

Aparte del trabajo como voluntaria, el párroco, Don Sergio, también nos llevaba a nosotras (las voluntarias de las universidades de Estados Unidos) y a otros chicos de la parroquia, a ir en excursiones. Una vez, fuimos al lago de Como, y me quedé impresionada por la belleza. Las fotos no le hacen justicia, pero al menos te puedes dar una idea:

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Otra vez fuimos a un viaje con los niños a unas montañas, y a una hermosa iglesia en la cima donde tuvimos misa. Una vez más, Dios es un presumido cuando se trata de naturaleza 😛:

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Las familias italianas nos hicieron una hermosa fiesta antes de que nos fuéramos y tuve la oportunidad de hacerles comida mexicana, algo que muchos de ellos probaron por primera vez. Las familias fueron absolutamente maravillosas; Hasta me hicieron un pastel de chocolate vegano y nos pusieron en la revista de la ciudad! :

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Estoy muy agradecida por toda la gente maravillosa que hizo que mi experiencia fuera posible e inolvidable, incluyendo a mi familia, los niños, los voluntarios, SCU, VoluntarItaly, y por supuesto al mijo de allá arriba por hacer mi vida más bella de lo que jamás podría imaginarme en cada momento 😉.

Si quieren leer qué aventuras siguieron en Magis, en la JMJ en Polonia y más, manténganse atentos al próximo artículo!

Shining Amidst Darkness: Glorifying God in a World Filled with Bad News — Branches

By Maleny Quiroz There has been recently a lot of buzz surrounding horrific events that go beyond violating religious liberty, the massacre of religious sisters in Yemen, the crucifying of Christians in the Middle East, and to not go as far, the case of the Little Sisters of the Poor here in the U.S. While many […]

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